El régimen cubano abre la puerta a emigrados para administrar hoteles de GAESA tras éxodo de cadenas internacionales
En una medida desesperada por salvar el sector turístico, Miguel Díaz-Canel convoca a la diáspora para gestionar las instalaciones controladas por el conglomerado militar
Por: Redacción Omarito Informa
En un movimiento que ha sorprendido a analistas y ciudadanos por igual, Miguel Díaz-Canel ha confirmado que el régimen cubano permitirá que cubanos residentes en el exterior asuman la administración de hoteles vinculados a GAESA. Esta decisión se produce en un escenario de crisis profunda, marcado por la salida progresiva de diversas cadenas hoteleras internacionales que operaban en la isla.
Según lo expuesto por el mandatario, esta apertura está diseñada bajo condiciones específicas: los emigrados interesados no deben poseer cuentas bancarias en Estados Unidos. Esta restricción busca evitar el impacto directo de las sanciones impuestas por Washington, las cuales penalizan a empresas, bancos y particulares que mantengan vínculos financieros con las estructuras del aparato militar cubano.
Un salvavidas ante el colapso del turismo
El anuncio llega en un momento crítico para la economía cubana. En las últimas semanas, el sector turístico ha sufrido un duro golpe tras la retirada de importantes socios extranjeros. La presión ejercida por el gobierno estadounidense contra las entidades relacionadas con GAESA —el conglomerado que monopoliza el negocio hotelero y la captación de divisas en la isla— ha dejado un vacío operativo que el régimen intenta llenar ahora con capital y gestión provenientes de la diáspora.
No obstante, la propuesta ha sido recibida con un profundo escepticismo. Muchos cubanos ven en este llamado una maniobra táctica del gobierno para obtener oxígeno financiero y nuevos administradores tras perder a sus aliados internacionales, quienes prefirieron abandonar el mercado cubano antes que enfrentar las consecuencias legales y económicas de operar bajo el amparo de los militares.
¿Oportunidad o trampa económica?
Aunque el discurso oficial presenta esta medida como una vía de integración y oportunidad para los cubanos en el exterior, las críticas no se han hecho esperar. Especialistas señalan que, en la práctica, la inversión o administración de estos hoteles se realizaría en un sistema donde el control absoluto permanece en manos del Estado y las Fuerzas Armadas, lo que implica una ausencia total de garantías jurídicas para los gestores.
La interrogante que hoy recorre las calles de la isla y las redes sociales es directa: ¿quién estaría dispuesto a asumir el riesgo de gestionar activos en un país sumido en una crisis económica terminal, marcado por constantes apagones, una infraestructura en ruinas y el peso constante de las sanciones internacionales? Por ahora, la medida parece más un intento del régimen por sobrevivir a su propio aislamiento que una solución real para la maltrecha industria turística cubana.
