El éxodo de hoteleras extranjeras en Cuba ya es visible: retiran la marca "Royalton" del Paseo del Prado en La Habana
La salida de la cadena canadiense Blue Diamond se suma a la retirada de Meliá, Iberostar y Aston, dejando al descubierto la profunda crisis del sector controlado por los militares.
La debacle del turismo en Cuba ha dejado de ser una cifra en los informes financieros para convertirse en una realidad visible en las calles de la capital. En una escena que simboliza el colapso de la industria del ocio en la isla, imágenes difundidas por el medio OnCuba mostraron a un grupo de obreros retirando las letras con el nombre “Royalton” de la fachada del emblemático Hotel Paseo del Prado, en La Habana. Esta instalación de lujo era administrada hasta hace poco por la prestigiosa cadena canadiense Blue Diamond Resorts.
El fin de la era Royalton y el peso de la crisis
Este hecho ocurre poco después de que Blue Diamond confirmara su salida de Cuba con efecto inmediato. La retirada de la firma canadiense se produce en medio de un escenario insostenible para la inversión extranjera, caracterizado por la caída en picada del arribo de turistas, graves deficiencias operativas, la escasez de vuelos internacionales, los constantes apagones que paralizan al país y el incremento de la presión de las sanciones de Estados Unidos contra entidades controladas por el conglomerado militar GAESA.
Un efecto dominó que golpea al turismo cubano
La pérdida de la marca Royalton en uno de los hoteles más modernos de La Habana es solo el último de una serie de duros golpes para el sector. El panorama para el régimen cubano es cada vez más sombrío tras conocerse la salida de la cadena Aston, la notable reducción de operaciones de Iberostar y la drástica decisión de la española Meliá de abandonar la gestión de 15 hoteles en el territorio nacional.
De los militares a la ineficiencia estatal
Ante la estampida de los socios extranjeros, diversas fuentes y reportes del sector indican que decenas de instalaciones hoteleras propiedad de GAESA están pasando a manos de operadores estatales. Esta transición ocurre en el peor momento posible, mientras el régimen de La Habana enfrenta una de las crisis turísticas y económicas más agudas de las últimas décadas, sin la capacidad de promoción, conectividad ni los estándares de servicio que las grandes cadenas internacionales solían garantizar.
